quinta-feira, agosto 21, 2008

Freud- um mestre, com carinho







Entrevista al Dr. Sigmund Freud

"El valor de la vida"
1926

Esta entrevista fue concedida al periodista George Sylvester Viereck en 1926 en la casa de Sigmund Freud en los alpes suizos.
Se creía perdida pero en realidad se encontró que había sido publicada en el volumen de "Psychoanalysis and the Fut", en New York en 1957.
Fue traducida del ingles al portugués por Paulo César Souza y al castellano por Miguel Angel Arce





S. Freud: Setenta años
me enseñaron a aceptar la vida con serena humildad.

Quien habla es el profesor Sigmund Freud, el gran explorador del alma. El escenario de nuestra conversación fue en su casa de ve
rano en Semmering, una montaña de los alpes austríacos. Yo había visto el país del psicoanalisis por última vez en su modesta casa de la capital austríaca. Los pocos años transcurridos entre mi última visita y la actual, multiplicaron las arrugas de su frente. Intensificaron la palidez de sabio. Su rostro estaba tenso, como si sintiese dolor. Su mente estaba alerta, su espíritu firme, su cortesía impecable como siempre, pero un ligero impedimento en su habla me perturbó. Parece que un tumor maligno en el maxilar superior tuvo que ser operado. Desde entonces Freud usa una prótesis, lo cual es una constante irritación para él.



S. Freud: Detesto mi maxilar mecánico, porque la lucha con este aparato me consume mucha energía preciosa. Pero prefiero esto a no tener ningún maxilar. Aún así prefiero la existencia a la extinción. Tal vez los dioses sean gentiles con nosotros, tornandonos la vida más desagradable a medida que envejecemos. Por fin, la muerte nos parece menos intolerable que los fardos que cargamos.

(Freud se rehúsa a admitir que el destino le reserva algo especial).

S. Freud: ¿Por qué (dice calmamente) debería yo esperar un tratamiento especial? La vejez, con sus arrugas, llega para todos. Yo no me revelo contra el orden universal. Finalmente, después de setenta años, tuve lo bastante para comer. Aprecié muchas cosas -en compañía de mi mujer, mis hijos- el calor del sol. Observé las plantas que crecen en primavera. De vez en cuando tuve una mano amiga para apretar. En otra ocasión encontré un ser humano que casi me comprendió. ¿Qué más puedo querer?

George Sylvester Viereck: El señor tiene una fama. Su obra prima influye en la literatura de cada país. Los hombres miran la vida y a sí mismos con otros ojos, por causa de este señor. Recientemente, en el septuagésimo aniversario, el mundo se unió para homenajearlo, con excepción de su propia universidad.

S. Freud: Si la Universidad de Viena me demostrase reconocimiento, me sentiría incómodo. No hay razón en aceptarme a mi o a mi obra porque tengo setenta años. Yo no atribuyo importancia insensata a los decimales. La fama llega cuando morimos y, francamente, lo que ven después no me interesa. No aspiro a la gloria póstuma. Mi virtud no es la modestia.

George Sylvester Viereck: ¿No significa nada el hecho de que su nombre va a perdurar?

S. Freud: Absolutamente nada, es lo mismo que perdure o que nada sea cierto. Estoy más bien preocupado por el destino de mis hijos. Espero que sus vidas no sean difíciles. No puedo ayudarlos mucho. La guerra practicamente liquidó mis poseciones, lo que había adquirido durante mi vida. Pero me puedo dar por satisfecho. El trabajo es mi fortuna.

(Estabamos subiendo y descendiendo una pequeña elevación de tierra en el jardín de su casa. Freud acarició tiernamente un arbusto que florecía)

S. Freud: Estoy mucho más interesado en este capullo de lo que me pueda acontecer despues de estar muerto.

George Sylvester Viereck: ¿Entonces, el señor es, al final, un profundo pesimista?

S. Freud: No, no lo soy. No permito que ninguna reflexión filosófica complique mi fluidez con las cosas simples de la vida.

George Sylvester Viereck: ¿Usted cree en la persistencia de la personalidad después de la muerte, de la forma que sea?

S. Freud: No pienso en eso. Todo lo que vive perece. ¿Por qué deberia el hombre constituir una excepción?

George Sylvester Viereck: ¿Le gustaría retornar en alguna forma, ser rescatado del polvo? ¿Usted no tiene, en otras palabras, deseo de inmortalidad?

S. Freud: Sinceramente no. Si la gente reconoce los motivos egoístas detrás de la conducta humana, no tengo el más mínimo deseo de retornar a la vida; moviendose en un círculo, sería siempre la misma. Más allá de eso, si el eterno retorno de las cosas, para usar la expresión de Nietzsche, nos dotase nuevamente de nuestra carnalidad y lo que involucra, ¿para qué serviría sin memoria? No habría vínculo entre entre el pasado y el futuro. Por lo que me toca, estoy perfectamente satisfecho en saber que el eterno aborrecimiento de vivir finalmente pasará. Nuestra vida es necesariamente una serie de compromisos, una lucha interminable entre el ego y su ambiente. El deseo de prolongar la vida excesivamente me parece absurdo.

George Sylvester Viereck: Bernard Shaw sustenta que vivimos muy poco. El encuentra que el hombre puede prolongar la vida si asi lo desea, llevando su voluntad a actuar sobre las fuerzas de la evolución. El cree que la humanidad puede recuperar la longevidad de los patriarcas.

S. Freud: Es posible que la muerte en sí no sea una necesidad biológica. Tal vez morimos porque deseamos morir. Asi como el amor o el odio por una persona viven en nuestro pecho al mismo tiempo, asi también toda la vida conjuga el deseo de la propia destrucción. Del mismo modo como un pequeño elástico tiende a asumir la forma original, así también toda materia viva, conciente o inconcientemente, busca readquirir la completa, la absoluta inercia de la existencia inorgánica. El impulso de vida o el impulso de muerte habitan lado a lado dentro nuestro. La muerte es la compañera del Amor. Ellos juntos rigen el mundo. Esto es lo que dice mi libro: "Más allá del principio del placer" En el comienzo del psicoanalisis se suponía que el Amor tenía toda la importancia. Ahora sabemos que la Muerte es igualmente importante. Biológicamente, todo ser vivo, no importa cuán intensamente la vida arda dentro de él, ansía el Nirvana, la cesación de la "fiebre llamada vivir". El deseo puede ser encubierto por digresiones, no obstante, el objetivo último de la vida es la propia extinción.

George Sylvester Viereck: Esto es la filosofía de la autodestrucción. Ella justifica el auto-exterminio. Llevaría logicamente al suicidio universal imaginado por Eduard Von Hartmann.

S. Freud: La humanidad no escoge el suicidio porque la ley de su ser desaprueba la via directa para su fin. La vida tiene que completar su ciclo de existencia. En todo ser normal, la pulsión de vida es fuerte, lo bastante para contrabalancear la pulsión de muerte, pero en el final, ésta resulta más fuerte. Podemos entretenernos con la fantasía de que la muerte nos llega por nuestra propia voluntad. Sería más posible que no pudiéramos vencer a la muerte porque en realidad ella es un aliado dentro de nosotros. En este sentido (añadió Freud con una sonrisa) puede ser justificado decir que toda muerte es un suicidio disfrazado.

(Estaba haciendo frio en el jardín. Continuamos la conversación en el gabinete. Vi una pila de manuscritos sobre la mesa, con la caligrafia clara de Freud).

George Sylvester Viereck: ¿En qué está trabajando el señor Freud?

S. Freud: Estoy escribiendo una defensa del análisis lego, del psicoanálisis practicado por los legos. Los doctores quieren establecer al análisis ilegal para los no-médicos. La historia, esa vieja plagiadora, se repite después de cada descubrimiento. Los doctores combaten cada nueva verdad en el comienzo. Después procuran monopolizarla.


George Sylvester Viereck: ¿Usted tuvo mucho apoyo de los legos?

S. Freud: Algunos de mis mejores discípulos son legos.

George Sylvester Viereck: ¿El Señor Freud está practicando mucho psicoanálisis?

S. Freud: Ciertamente. En este momento estoy trabajando en un caso muy difícil, intentando desatar conflictos psíquicos de un interesante paciente nuevo. Mi hija también es psicoanalista como usted puede ver...

(En ese momento apareció Miss Anna Freud, acompañada por su paciente, un muchacho de once años de facciones inconfundiblemente anglosajonas)

George Sylvester Viereck: ¿Usted ya se analizó a sí mismo?

S. Freud: Ciertamente. El psicoanalista debe constantemente analizarse a sí mismo. Analizándonos a nosotros mismos, estamos más capacitados para analizar a otros. El psicoanalista es como un chivo expiatorio de los hebreos, los otros descargan sus pecados sobre él. El debe practicar su arte a la perfección para liberarse de los fardos cargados sobre él.

George Sylvester Viereck: Mi impresión es de que el psicoanálisis despierta en todos los que lo practican el espíritu de la caridad cristiana. Nada existe en la vida humana que el psicoanálisis no nos pueda hacer comprender. "Tout comprendre c'est tou pardonner".

S. Freud: Por el contrario (acusó Freud sus facciones asumiento la severidad de un profeta hebreo), comprender todo no es perdonar todo. El análisis nos enseña apenas lo que podemos soportar, pero también lo que podemos evitar. El análisis nos dice lo que debe ser eliminado. La tolerancia con el mal no es de manera alguna corolario del conocimiento.

(Comprendí súbitamente por qué Freud había litigado con sus seguidores que lo habían abandonado, porque él no perdona disentir del recto camino de la ortodoxia psicoanalítica. Su sentido de lo que es recto es herencia de sus ancestros. Una herencia de la que él se enorgullece como se enorgullece de su raza).

S. Freud: Mi lengua es el alemán. Mi cultura, mi realización es alemana. Yo me considero un intelectual alemán, hasta que percibí el crecimiento del preconcepto anti-semita en Alemania y en Austria. Desde entonces prefiero considerarme judío.

(Quedé algo desconcertado con esta observación. Me parecía que el espíritu de Freud debería vivir en las alturas más allá de cualquier preconcepto de razas, que él debería ser inmune a cualquier rencor personal. Entanto no precisamente a su indignación, a su honesta ira, se volvía más atrayente como ser humano. ¡Aquiles sería intolerable si no fuese por su talón!)

George Sylvester Viereck: Me pone contento, Herr Profesor, de que también el señor tenga sus complejos, de que también el señor Freud demuestre que es un mortal!

S. Freud: Nuestros complejos son la fuente de nuestra debilidad; pero con frecuencia, son también la fuente de nuestra fuerza.

George Sylvester Viereck: Imagino, observo, ¡cuáles serían mis complejos!

S. Freud: Un análisis serio dura más o menos un año. Puede durar igualmente dos o tres años. Usted está dedicando muchos años de su vida la "caza de los leones". Usted procuró siempre a las personas destacadas de su generación: Roosevelt, El Emperador, Hindenburgh, Briand, Foch, Joffre, Georg Bernard Shaw....

George Sylvester Viereck: Es parte de mi trabajo.

S. Freud: Pero también es su preferencia. El gran hombre es un símbolo. Su búsqueda es la búsqueda de su corazón. Usted también está procurando al gran hombre para tomar el lugar de su padre. Es parte del complejo del padre.

(Negué vehementemente la afirmación de Freud. Mientras tanto, reflexionando sobre eso, me parece que puede haber una verdad, no sospechada por mi, en su sugestión casual. Puede ser lo mismo que el impulso que me llevó a él)

George Sylvester Viereck: Me gustaría, observé después de un momento, poder quedarme aquí lo bastante para vislumbrar mi corazón a través de sus ojos. ¡Tal vez, como la Medusa, yo muriese de pavor al ver mi propia imagen! Aún cuando no confío en estar muy informado sobre psicoanálisis, frecuentemente anticiparía o tentaría anticipar sus intenciones.

S. Freud: La inteligencia en un paciente no es un impedimento. Por el contrario, muchas veces facilita el trabajo.

(En este punto el maestro del psicoanálisis difiere bastante de sus seguidores, que no gustan mucho de la seguridad del paciente que tienen bajo su supervisión)

George Sylvester Viereck: A veces imagino si no seríamos más felices si supiésemos menos de los procesos que dan forma a nuestros pensamientos y emociones. El psicoanálisis le roba a la vida su último encanto, al relacionar cada sentimiento a su original grupo de complejos. No nos volvemos más alegres descubriendo que todos abrigamos al criminal o al animal.

S. Freud: ¿Qué objeción puede haber contra los animales? Yo prefiero la compañía de los animales a la compañía humana.

George Sylvester Viereck: ¿Por qué?

S. Freud: Porque son más simples. No sufren de una personalidad dividida, de la desintegración del ego, que resulta de la tentativa del hombre de adaptarse a los patrones de civilización demasiado elevados para su mecanismo intelectual y psíquico. El salvaje, como el animal es cruel, pero no tiene la maldad del hombre civilizado. La maldad es la venganza del hombre contra la sociedad, por las restricciones que ella impone. Las más desagradables características del hombre son generadas por ese ajuste precario a una civilización complicada. Es el resultado del conflicto entre nuestros instintos y nuestra cultura. Mucho más desagradables que las emociones simples y directas de un perro, al mover su cola, o al ladrar expresando su displacer. Las emociones del perro (añadió Freud pensativamente), nos recuerdan a los héroes de la antigüedad. Tal vez sea esa la razón por la que inconcientemente damos a nuestros perros nombres de héroes como Aquiles o Héctor.

George Sylvester Viereck: Mi cachorro es un doberman Pinscher llamado Ájax.

S. Freud: (sonriendo) Me contenta saber que no pueda leer. ¡El sería ciertamente, el miembro menos querido de la casa, si pudiese ladrar sus opiniones sobre los traumas psíquicos y el complejo de Edipo!

George Sylvester Viereck: Aún usted, profesor, sueña la existencia compleja por demás. Entanto me parece que el señor sea en parte responsable por las complejidades de la civilización moderna. Antes que usted inventase el psicoanálisis, no sabíamos que nuestra personalidad es dominada por una hueste beligerante de complejos cuestionables. El psicoanálisis vuelve a la vida como un rompecabezas complicado.

S. Freud: De ninguna manera. El psicoanálisis vuelve a la vida más simple. Adquirimos una nueva síntesis despues del análisis. El psicoanálisis reordena el enmarañado de impulsos dispersos, procura enrrollarlos en torno a su carretel. O, modificando la metáfora, el psicoanálisis suministra el hilo que conduce a la persona fuera del laberinto de su propio inconciente.

George Sylvester Viereck: Al menos en la superficie, pues la vida humana nunca fue mas compleja. Cada día una nueva idea propuesta por usted o por sus discípulos, vuelven un problema de la conducta humana más intrigante y más contradictorio.

S. Freud: El psicoanálisis por lo menos, jamás cierra la puerta a una nueva verdad.

George Sylvester Viereck: Algunos de sus discípulos, más ortodoxos que usted, se apegan a cada pronunciamiento que sale de su boca.

S. Freud: La vida cambia. El psicoanálisis también cambia. Estamos apenas en el comienzo de una nueva ciencia.

George Sylvester Viereck: La estructura científica que usted levanta me parece ser mucho más elaborada. Sus fundamentos -la teoría del "desplazamiento", de la "sexualidad infantil", de los "simbolismos de los sueños", etc- parecen permanentes.

S. Freud: Yo repito, pues, que estamos apenas en el inicio. Yo apenas soy un iniciador. Conseguí desenterrar monumentos enterrados en los sustratos de la mente. Pero allí donde yo descubrí algunos templos, otros podrán descubrir continentes.

George Sylvester Viereck: ¿Usted siempre pone el énfasis sobre todo en el sexo?

S. Freud: Respondo con las palabras de su propio poeta, Walt Whitman: "Más todo faltaría si faltase el sexo" (Yet all were lacking, if sex were lacking). Mientras tanto, ya le expliqué que ahora pongo el énfasis casi igual en aquello que está "más allá" del placer -la muerte, la negociación de la vida. Este deseo explica por qué algunos hombres aman al dolor -como un paso para el aniquilamiento! Explica por qué los poetas agradecen a:

Whatever gods there be,
That no life lives forever
And even the weariest river
Wind somewhere safe to sea.

"Cualesquiera dioses que existan
Que la vida ninguna viva para siempre
Que los muertos jamás se levanten
Y también el río más cansado
Desagüe tranquilo en el mar"


George Sylvester Viereck: Shaw, como usted, no desea vivir para siempre, pero a diferencia de usted, él considera al sexo carente de interés.

S. Freud: (Sonriendo) Shaw no comprende al sexo. El no tiene ni la más remota concepción del amor. No hay un verdadero caso amoroso en ninguna de sus piezas. El hace humoradas del amor de Julio César -tal vez la mayor pasión de la historia. Deliberadamente, tal vez maliciosamente, él despoja a Cleopatra de toda grandeza, relegándola a una simple e insignificante muchacha. La razón para la extraña actitud de Shaw frente al amor, por su negación del movil de todas las cosas humanas, que emanan de sus piezas el clamor universal, a pesar de su enorme alcance intelectual, es inherente a su psicología. En uno de sus prefacios, él mismo enfatiza el rasgo ascético de su temperamento. Yo puedo estar errado en muchas cosas, pero estoy seguro de que no erré al enfatizar la importancia del instinto sexual. Por ser tan fuerte, choca siempre con las convenciones y salvaguardas de la civilización. La humanidad, en una especie de autodefensa procura su propia importancia. Si usted raspa a un ruso, dice el proverbio, aparece el tártaro sobre la piel. Analice cualquier emoción humana, no importa cuán distante esté de la esfera de la sexualidad, y usted encontrará ese impulso primordial al cual la propia vida debe su perpetuidad.

George Sylvester Viereck: Usted, sin duda, fue bien seguido al transmitir ese punto de vista a los escritores modernos. El psicoanálisis dió nuevas intensidades a la literatura.

S. Freud: También recibí mucho de la literatura y la filosofía. Nietzche fue uno de los primeros psicoanalistas. Es sorprendente ver hasta qué punto su intuición preanuncia las novedades descubiertas. Ninguno se percató más profundamente de los motivos duales de la conducta humana, y de la insistencia del principio del placer en predominar indefinidamente que él. El Zaratustra dice: "El dolor grita: ¡Va! Pero el placer quiere eternidad Pura, profundamente eternidad". El psicoanalisis puede ser menos discutido en Austria y en Alemania que en los Estados Unidos, su influencia en la literatura es inmensa por lo tanto. Thomas Mann y Hugo Von Hofmannsthak mucho nos deben a nosotros. Schnitzler recorre un sendero que es, en gran medida, paralela a mi propio desarrollo. El expresa poeticamente lo que yo intento comunicar científicamente. Pero el Dr. Schnitzle no es ni siquiera un poeta, es también un científico.

George Sylvester Viereck: Usted no sólo es un científico, también es un poeta. La literatura americana está impregnada de psicoanálisis. Hupert Hughes, Harvrey O'Higgins y otros, son sus intérpretes. Es casi imposible abrir una nueva novela sin encontrar alguna referencia al psicoanálisis. Entre los dramaturgos Eugene O'Neill y Sydney Howard tienen una gran deuda con usted. "The Silver Cord" por ejemplo, es simplemente una dramatización del complejo de Edipo.

S. Freud: Yo sé y entiendo el cumplido que hay en esa afirmación. Pero, tengo cierta desconfianza de mi popularidad en los Estados Unidos. El interés americano por el psicoanálisis no se profundiza. La popularización lo lleva a la aceptación sin que se lo estudie seriamente. Las personas apenas repiten las frases que aprenden en el teatro o en las revistas. Creen comprender algo del psicoanálisis porque juegan con su argot. Yo prefiero la ocupación intensa con el psicoanálisis, tal como ocurre en los centros europeos, aunque Estados Unidos fue el primer país en reconocerme oficialmente.
La Clark University me concedió un diploma honorario cuando yo siempre fui ignorado en Europa. Mientras tanto, Estados Unidos hace pocas contribuciones originales al psicoanálisis.
Los americanos son jugadores inteligentes, raramente pensadores creativos. Los médicos en los Estados Unidos, y ocasionalmente tambien en Europa, tratan de monopolizar para sí al psicoanálisis. Pero sería un peligro para el psicoanálisis dejarlo exclusivamente en manos de los médicos, pues una formación estrictamente médica es con frecuencia, un impedimento para el psicoanálisis. Es siempre un impedimento cuando ciertas concepciones científicas tradicionales están arraigadas en el cerebro.

¡Freud tiene que decir la verdad a cualquier precio! El no puede obligarse a sí mismo a agradar a Estados Unidos donde están la mayoría de sus seguidores. A pesar de su rudeza, Freud es la urbanidad en persona. El oye pacientemente cada intervención, procurando nunca intimidar al entrevistador. Raro es el visitante que se aleja de su presencia sin un presente, alguna señal de hospitalidad!

Había oscurecido. Era tiempo de tomar el tren de vuelta a la ciudad que una vez cobijara el esplendor imperial de los Habsburgos. Acompañado de su esposa y de su hija, Freud desciende los escalones que lo alejan de su refugio en la montaña a la calle para verme partir. El me pareció cansado y triste al darme el adiós.

"No me haga parecer un pesimista -dice Freud después de un apretón de manos. Yo no tengo desprecio por el mundo.

Expresar desdén por el mundo es apenas otra forma de cortejarlo, de ganar audiencia y aplauso.

¡No, yo no soy un pesimista, en tanto tenga a mis hijos, mi mujer y mis flores!

No soy infelíz, al menos no más infelíz que otros".


El silbato de mi tren sonó en la noche. El automóvil me conducía rápidamente para la estación. Apenas logro ver ligeramente curvado y la cabeza grisácea de Sigmund Freud que desaparecen en la distancia....

George Sylvester Viereck
periodista del "Journal of Psichology"
año 1926 publicada en N.York en 1957

Miguel Angel Arce
Consultor Psicológico
Esp. Desarrollo Personal.

sexta-feira, julho 18, 2008

Adultos não conseguem amadurecer





Vou ler depois com calma. Li por alto e afinei com a Graciela. Mas também acredito que o aspecto cultural é muito forte.
Aqui no Brasil protegemos em excesso, em outros países não.
Seria a herança ibérica? O que você acha?
Este artigo está no UOL,copiei para quem não é assinante. Artigo do El País
Ah! e eu adoro o Homer Simpson, é demais. :)



18/07/2008

Adultos não conseguem amadurecer e querem continuar sendo crianças

Joan Carles Ambrojo

Alguns adultos estancaram no caminho para a maturidade, do mesmo modo que encontramos adolescentes que demoram a assumir a independência. Com freqüência se vêem referências a essas pessoas como afetadas por uma síndrome ou um complexo de Peter Pan. Segundo especialistas, não existe essa síndrome. O que acontece é que as mudanças sociais e familiares das últimas décadas aumentaram o infantilismo de alguns adultos, que cresceram sem ter o referencial dos pais.

Encontramos na vida real muitos Homer Simpson, adultos que têm dificuldade para crescer e amadurecer emocionalmente? O que acontece com alguns jovens que se instalam em uma eterna adolescência, negando-se a assumir as responsabilidades e tomar as rédeas de sua vida?

Renunciar a ser adulto e instalar-se na imaturidade como tentativa de permanecer na eterna juventude é o que caracteriza as pessoas que se regem pelo que é popularmente conhecido como complexo de Peter Pan. Os especialistas, no entanto, não admitem a existência desse suposto transtorno, que de fato não aparece na lista do DSM-IV, o manual de diagnóstico de transtornos mentais da Associação Psiquiátrica Americana, que é utilizado como manual de referência em todo o mundo.

A popularização da suposta síndrome se deve em boa medida a Dan Kiley, o psicólogo americano que publicou em 1983 o livro "A Síndrome de Peter Pan" - a pessoa que nunca cresce, baseada no personagem da obra do britânico James Matthew Barrie, editada em 1904. Mais tarde, Kiley complementou o tema com a publicação de "O Dilema de Wendy", no qual trata das mulheres que protegem indevidamente os homens como se fossem suas mães e assumem suas responsabilidades. É um estilo de vida que continua tendo seus adeptos. Nos EUA batizaram os jovens que demoram a amadurecer de Geração Odisséia, segundo William Galston, pesquisador do Instituto Brookings.

Sabel Gabaldón Fraile, psiquiatra do Hospital de Sant Joan de Déu de Barcelona, é definitivo: "Não está tipificada como síndrome. Não é nada mais que um fenômeno social, a dificuldade de crescer". Gabaldón opina que o "peterpanismo" é apenas uma tentativa de alguns profissionais de buscar artifícios literários.

Forma de vida adolescente
Segundo explica o especialista, o conceito abrange uma série de comportamentos que podem ser muito comuns em determinados adultos de nossa cultura e nosso ambiente, e que "têm a ver exatamente com a atitude também cultural de infantilização, de extrema dependência, que muitas vezes adotamos em várias famílias, ou inclusive da própria cultura em relação às crianças e adolescentes, de poupá-los de frustrações, protegê-los excessivamente. Isso gera situações de prolongamento excessivo da adolescência e de comportamentos imaturos que ocorrem inclusive na idade adulta".

Outros autores pensam de forma diferente. Para a psiquiatra Graciela Moreschi, o eterno adolescente é alguém para quem a adolescência é uma forma de vida, e não uma etapa evolutiva: "Isso significa que a independência não é uma meta". Segundo Moreschi, que publicou um livro de divulgação sobre esse fenômeno, com essas atitudes essas pessoas têm como prioridade desfrutar o momento. Se ganham dinheiro o utilizam em saídas, em roupas caras, um automóvel, uma moto ou viagens, e se não ganham continuam dependendo de seus pais.

"Muitas vezes o estudo é o passaporte que lhes permite ficar instalados na adolescência, porque não terminaram a carreira, ou porque passam de uma para outra. Eles demoram para assumir qualquer tipo de compromisso porque não podem escolher algo permanente, inclusive ter um parceiro. A grande quantidade de opções que têm lhes causa dificuldade para escolher, porque ao fazê-lo renunciam às outras possibilidades", diz Moreschi.

São comportamentos cristalizados em um momento da vida, continua a psiquiatra, e, portanto, em vez de evoluir essas pessoas se desgastam. "Muitos dos pais desses adolescentes estão do mesmo lado, não há diferenças, e os jovens não terminam de se individualizar como indivíduos maduros; não existe um outro que lhes permita realizar esse processo." A diferença entre os eternos adolescentes e os adultos ainda com atitudes imaturas é que estes cuidam de si mesmos, enquanto os eternos adolescentes não foram capazes de separar-se da família.

Javier Elzo, catedrático emérito de sociologia na Universidade de Deusto e presidente do Fórum Deusto, diz que o fato mais evidente e comprovado é que há um prolongamento do hábitat dos adolescentes e jovens no domicílio familiar até extremos incríveis. E a Espanha tem uma das porcentagens mais baixas de emancipação familiar. As principais razões são a carestia da habitação, que torna a emancipação complicada, e em segundo lugar o caráter precário do trabalho.

Outra característica dos adolescentes atuais é o presentismo, ou seja, querer tudo já, imediatamente. É um fato que a maturidade está se retardando, "mas também encontramos jovens menores de 20 anos extremamente maduros, que são os que diante da dificuldade de encontrar o ninho familiar vazio [pais com pouca presença], por razões fortuitas ou não, começaram a assumir seu destino muito antes do que teríamos feito em nossa geração".

As transformações sociais e familiares das últimas décadas fizeram, segundo Elzo, que os adolescentes e jovens que Eduardo Verdú batizou em um livro de "adultescentes" decidissem ficar em casa fazendo o que querem - "esses são os Peter Pan, os que saíram de casa ficando. É evidente que há um problema muito sério de referências".

Pais "desorientados"
Para Elzo está claro que existe um problema de falta de referências nos pais, embora considere que os que estão mais desorientados são os próprios pais: "Qual é o modelo que pode ter uma pessoa de 40 anos? Seu pai não serve porque lhes dizem que é um antiquado, de outra época, que tem outra forma de ver as coisas; não se deve esquecer que os pais dos adolescentes de hoje são os que fizeram a transição espanhola, e neste momento muitos deles não sabem o que fazer com seus filhos".

Com a incorporação das mulheres ao trabalho, acrescenta o sociólogo, os filhos vivem em um ninho vazio, "e encontramos jovens com precariedade psicológica. Como vão sair de casa se seus pais os consideram muito crianças? Mudam, isso sim, quando chega seu primeiro filho e têm de pagar a hipoteca", afirma Elzo.

Tradução: Luiz Roberto Mendes Gonçalves

Visite o site do El País

segunda-feira, julho 14, 2008

Você sente tédio?



Tai um livro que eu só conheço de ouvir falar. Caetano Veloso adora, nunca esqueci quando ele disse isto. Preciso ler.

Hoje passei horas numa oficina mecânica grande. Não senti tédio, apenas cansaço. Li revistas, estudei francês, conversei com algumas pessoas. Enfim, precisava resolver o problema e estava ali. Pena que não tinha um cafezinho decente.
Nunca sinto tédio, quero mais tempo de sobra, há tanto para ler, escrever, ver... Mas chega de papo. Leiam o Antonio Cícero.


Folha de São Paulo, sábado, 12 de julho de 2008 – Ilustrada

Sobre o tédio

Antonio Cicero


Uma pessoa que esteja sempre entediada não pode deixar de ser, em 1º lugar, entediante

EM CERTO ponto do romance "O Vermelho e o Negro", de Stendhal, um dos personagens -o príncipe Korasoff - censura a tristeza do herói, Julien Sorel, explicando-lhe que "o ar triste não pode ser de bom tom; o que é necessário é o ar entediado. Se você está triste, há alguma coisa que lhe falta, alguma coisa que você não conseguiu. É mostrar-se inferior. Se você está entediado, ao contrário, o que é inferior é aquilo que em vão tentou agradá-lo". É sem dúvida por essa razão que o ar blasé é tido por muitos como sinal de superioridade.


Não vejo superioridade nenhuma na pessoa cronicamente entediada. Se alguém, para parecer superior, precisa fingir estar entediado, é porque, na verdade, se sente inferior. Seu ar entediado é uma tentativa de se vingar dessa inferioridade. Por outro lado, uma pessoa que esteja sempre ou quase sempre genuinamente entediada não pode deixar de ser, em primeiro lugar, entediante: ela é entediada exatamente porque entendia a si própria. Refiro-me aqui, é claro, às pessoas livres, isto é, àquelas que podem dispor, em medida considerável, do seu tempo. O que digo não se aplica, por exemplo, a enfermos, a prisioneiros ou a trabalhadores forçados.


E todos nós estamos sujeitos a momentos de tédio, como, por exemplo, quando nos encontramos, sem material de leitura, numa fila de banco, ou numa cerimônia da qual, por alguma razão, não conseguimos deixar de participar. Fora semelhantes casos, porém, quase todos os nossos tédios são, como diz o poeta Paul Valéry, "nossa criação original". Difamar o mundo -e o mundo é sempre o mundo contemporâneo-, chamando-o de tedioso, diz muito sobre o difamador e nada sobre o mundo. Este não pode ser classificado nem de tedioso nem de interessante, pois é nele que se encontra tudo o que pode haver de interessante e de tedioso. Por isso, ele é entediante para quem é entediante, superficial para quem é superficial, profundo para quem é profundo, e interessante para quem é interessante.


Assim é que, por exemplo, com um estado de espírito oposto ao do difamador do mundo, Montesquieu anotou num caderno que quase nunca tinha tristeza, e menos ainda tédio. Na mesma página, escreveu também: "Acordo de manhã com uma alegria secreta; vejo a luz com uma espécie de arrebatamento". Esse, sim, é um sentimento verdadeiramente superior. Contudo, não ignoro que haja pessoas livres, com saúde, e até interessantes, que às vezes se entediam exatamente quando têm lazer, isto é, quando poderiam, por exemplo, não digo nem viajar, mas simplesmente ler um grande romance, escrever uma carta ou um poema, ou não mais que andar na rua, apreciando a paisagem ou o movimento, ou, quem sabe, a passagem dessa ou daquela promessa de felicidade. Nem ignoro que qualquer uma das atividades que acabo de citar -ou qualquer outra que se imagine- seria capaz de lhes sugerir exatamente o cúmulo do tédio. Por quê? Como é possível ser tediosa a vida de uma pessoa que dispõe do seu tempo?


Creio que a resposta é que o tédio costuma acometer qualquer um que tenha orientado tudo na sua vida por uma única causa final. A pessoa para quem o tédio se dá desse modo é aquela que tem um interesse obsessivo por uma só coisa. Nesse caso, encarando todas as demais coisas como meros caminhos ou obstáculos para a consecução do seu objetivo, ela as destitui de qualquer interesse intrínseco.


À medida que, em vez de facilitar o avanço dela rumo a esse ponto final, algo possui uma espessura e opacidade própria, à medida que exige atenção para si mesmo, passa a ser um obstáculo. Sendo assim, o tempo que, a contragosto, tal pessoa é obrigada a lhe dedicar, passa a ser um tempo de desvio, tempo que gostaria de ver passar o mais rapidamente possível, abrindo-lhe novamente caminho para a retomada da corrida rumo à finalidade última. Tal é o tempo do tédio, que ela tenta "matar", como se o tempo não constituísse a própria substância da vida.


O ponto final pode ser, por exemplo, uma paixão devoradora, que atropele tudo o mais. Digamos que uma pessoa vá a uma festa esperando ver o objeto de sua paixão e, lá chegando, não o veja. Então a festa que, não fosse por essa frustração, poderia ser uma delícia, torna-se, para ela, o mais puro tédio. Sem ganhar o objeto da paixão, ela perde o mundo. Eis uma das razões pelas quais tantos filósofos -inclusive Epicuro, que elogiava o prazer- apreciam o amor e a amizade, mas desconfiam da paixão.

sexta-feira, julho 04, 2008

Psicanalista francesa lota tenda da Flip ao falar de perversão





03/07/2008 - 15h30

Psicanalista francesa lota tenda da Flip ao falar de perversão


LIGIA BRASLAUSKAS
Editora-geral da Folha Online, em Paraty

O primeiro nome de peso internacional a participar das mesas da 6ª Flip (Festa Literária Internacional de Paraty) surgiu nesta quinta-feira, com a presença da historiadora e psicanalista francesa Elisabeth Roudinesco.
Rogerio Cassimiro/Folha Imagem
Historiadora e psicanalista francesa Elisabeth Roudinesco participa do segundo dia da Flip
Historiadora e psicanalista francesa Elisabeth Roudinesco participa do segundo dia da Flip

Com a sala lotada e um público nitidamente curioso, Roudinesco foi longamente aplaudida ao entrar no palco da Tenda dos Autores e ser apresentada por Eliane Robert Moraes, professora de estética e literatura na Pontifícia Universidade Católica (PUC-SP) e no Centro Universitário Senac-SP e autora de "Lições de Sade" (Iluminuras), entre outros livros.

A psicanalista, que está lançando seu mais recente livro na Flip, "A Parte Obscura de Nós Mesmos: Uma História dos Perversos" (Zahar, 2008), abriu a conferência falando que uma de suas inspirações para escrever o livro foi justamente uma viagem feita ao Brasil há três anos, quando participou de palestras em Belo Horizonte (MG), cujo tema tratava justamente da múltiplas faces da perversão.

A historiadora falou da perversão sob os aspectos da sociedade ocidental, enfatizando Sade, o nazismo, o terrorismo islâmico extremista, a pedofilia e a zoofilia. Disse que a perversão maldita, aquela que transforma algo bom em um sentimento de prazer pelo mal, só existe no homem, que esta é ausente do mundo animal. "O animal não mata por crueldade e não sente prazer com a morte, o homem perverso sim."

Ela discorreu também sobre os mitos de mal e de perverso que com o passar do tempo perderam essa qualidade, como os homossexuais, crianças que se masturbam e as mulheres histéricas. "Tudo isso que antes era condenado e punido pela sociedade como algo perverso, hoje em dia não é mais, porque era um erro de julgamento. Felizmente houve uma mudança. Eu, particularmente, sou a favor de os homossexuais poderem adotar crianças, de terem seus filhos, e não acredito no 'mal' da masturbação nem no das mulheres histéricas", disse.

Roudinesco fez um rico traçado entre literatura e psicanálise para falar sobre o lado perverso do homem, sobre o sensível espaço que separa o bem extremo do gozo pelo mal extremo. Citou, como exemplos, "O Retrato de Dorian Gray", de Oscar Wilde (1854-1900), que classificou como a fábula "mais incrível" sobre perversão, e "Metamorfose", de Franz Kafka (1883-1924) --o homem monstro com sua linda alma.

Na opinião da autora, a polêmica e ímpar obra de Marquês de Sade (1740-1814), que desenhou cenas tão cruéis para perversões sexuais que muitas são incapazes de serem reproduzidas no cinema, é algo muito mais comum do que a maioria das pessoas imagina e pode ser visto no nosso dia-a-dia. "Sade ficou internado por 27 anos por crimes que hoje não são mais crimes, como sodomia e blasfêmia, ninguém mais é condenado por isso", disse.

Um dos pontos altos da mesa foi quando a mediadora questionou Roudinesco sobre a escolha do "terrorista islâmico extremista" como exemplo de perversão e não governos que também levam a cabo ações igualmente perversas. Em resposta, Roudinesco disse que não imaginava um palestino que se explode como o perverso, mas, sim, os ataques terroristas de 11 de Setembro. Ela argumentou que o ato construído de forma minuciosa por Osama bin Laden --que ela achava um homem bonito, mas que vinha se tornando cada vez mais feio por suas perversidades-- certamente foi algo prazeroso, ele pensou cada passo, e se sentiu feliz com aquilo. Não teve um alvo único, mas múltiplo, quando destruiu milhares de vidas de diferentes nacionalidades, o que, para ela, exemplifica bem o ato calculado e perverso.

Em contrapartida, disse que um governo cruel, que ganha a forma de perverso, pode ser derrubado, pois um presidente é eleito, escolhido, e a democracia pode ser alterada, pois é sancionável, há como corrigir e parar chefes de Estado que fizeram coisas horrorosas --o que, na opinião dela, não acontece com o terrorismo extremista.

"Eu também falei do nazismo e não falei do stalinismo, porque são coisas diferentes. O comunismo nasceu como uma idéia boa que se perdeu. O nazismo foi pensado e elaborado de forma pontual, tudo era explicado desde o início, toda a perversão era conhecida."

A historiadora disse ainda que a solução para o terrorismo dos extremistas islâmicos virá do próprio islã, e citou George W. Bush, presidente dos EUA, como o principal exemplo perverso da democracia ocidental.

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quarta-feira, julho 02, 2008

Festa Literária de Paraty


Elizabeth Roudinesco



02/07/2008 - 07h10

Festa Literária de Paraty quer diálogo com cinema, HQs e teatro em 2008


Sexta edição da Flip começa nesta quarta (2), com mesa sobre Machado de Assis.

Escritor de quadrinhos Neil Gaiman e cineasta Lucrecia Martel estão entre os convidados.

O dramaturgo britânico Tom Stoppard (Foto: Divulgação)
O caminho poderá desagradar os mais ortodoxos, mas a sexta edição da Festa Literária Internacional de Paraty aponta para uma direção que vai além dos livros. Com início marcado para esta quarta-feira (2), a Flip 2008 terá entre os convidados o escritor de quadrinhos Neil Gaiman, a cineasta argentina Lucrecia Martel, o dramaturgo britânico Tom Stoppard e a psicanalista francesa Elisabeth Roudinesco. Será um total de 19 mesas, além da conferência de abertura, com programação até domingo.


Veja a cobertura completa da Flip 2008

quinta-feira, junho 26, 2008

Elisabeth Badinter






A invenção do instinto materno

Em Rumo equivocado, a feminista francesa Elisabeth Badinter polemiza com colegas americanas sobre os rumos do movimento

POR MÔNICA CRISTINA CORRÊA


As reflexões da autora partem principalmente do século XVIII. Badinter nota que, naquele momento, surgia uma nova preocupação com a criança e o adolescente, já que temas como a educação entram na ordem do dia. Até então, a criança era considerada quase como "animal" a ser adestrado. À época, foram escritas obras sobre formas de educar, como a de Jean-Jacques Rousseau, Émile ou de l'éducation, constituída de cinco volumes; e no período revolucionário, o trabalho do filósofo marquês de Condorcet (1743-1794), que, entre outras coisas, discutia a necessidade de uma educação popular e da igualdade de direitos entre homens e mulheres.

Foi a partir do século XIX que as formas do amor materno, tais como são conhecidas atualmente, despontaram. Nesse século, as mulheres passam a viver cada vez mais encerradas em seus papéis de progenitoras: gestação, parto e amamentação resumem sua existência, sem deixar-lhes alternativas ou espaço para outras aspirações. O valor dos cuidados maternos ganha nova dimensão em detrimento da liberdade da mulher.

Baseada em pesquisas sobre o século XVIII, Elisabeth Badinter escreveu Emilie Emilie. O título alude à obra de Rousseau, cujo conteúdo, não obstante, não coloca mulheres em pé de igualdade com os rapazes. O livro de Badinter, numa espécie de resposta à lacuna rousseauniana, propõe analisar a questão da ambição feminina a partir do perfil de duas figuras relevantes no século das luzes, respectivamente madame du Chatelêt, amante de Voltaire, e madame D'Épinay, amiga de Rousseau. Ambas eram "Émilie" (Gabrielle Émilie e Louise Émilie) dotadas de biografias em que a ambição e a independência são marcas essenciais. Isso fez com que escapassem à categoria simplista de donas-de-casa, esposas e mães. Embora as duas grandes damas tivessem passado por essas experiências, puderam, pelo sofrimento, concluir o que os homens - segundo a autora - sempre souberam: que nada é mais importante do que a individualidade. Entre outras questões, vem à tona a idéia de que, talvez, nem todas as mulheres tenham espontaneamente o desejo de ser mães.

Essa discussão, de fato, permeia toda a obra de Elisabeth Badinter. Para ela, a mulher deve sempre perguntar-se sobre se realmente quer ser mãe e em quais condições. Hoje em dia, o problema da maternidade estaria, segundo pensa, mais ligado à divisão dos trabalhos domésticos com o homem. Esse é um dos temas de Rumo equivocado, em que escreve: "Deduzindo-se o feminino da capacidade materna, define-se a mulher pelo que ela é e não pelo que escolhe ser. E não há definição simétrica do homem, sempre apreendido pelo que faz e não pelo que é". Mas além disso, o livro trata o feminismo com severas ressalvas. As pesquisas que levaram a autora a tal refutação são recentes estudos americanos e franceses. Badinter fala, por exemplo, de uma "violência contra os homens" cometida por mulheres, e cita a agressão física delas contra eles. "A mulher atualmente apresentada às jovens gerações é como uma criança a ser protegida, incapaz de se defender. Ora, a imagem que o feminismo original deveria dar das mulheres é de conquistadora, forte", afirma. "Esse tema foi muito abandonado." E não hesita em apontar as origens desse discurso, a seu ver, falacioso: "Isso veio dos anos 80 e 90, quando as feministas radicais americanas começaram a abordar coisas inacreditáveis".

Apesar de ser chamada de antifeminista, a autora permanece coerente com suas idéias de igualdade de direitos entre os sexos. Se antes julgara que o amor paterno é algo à altura do materno, é natural que se preocupe também com o papel masculino em vez de fazer a defesa cega das premissas feministas.

Amores silenciosos- Contardo Calligaris





Amores silenciosos




CONTARDO CALLIGARIS


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A gente se declara apaixonado porque está apaixonado ou pelo prazer de se apaixonar?
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FAZER E RECEBER declarações de amor é quase sempre prazeroso. O mesmo vale, aliás, para todos os sentimentos: mesmo quando dizemos a alguém, olho no olho, "Eu te odeio", o medo da brutalidade de nossas palavras não exclui uma forma selvagem de prazer.
De fato, há um prazer na própria intensidade dos sentimentos; por isso, desconfio um pouco das palavras com as quais os manifestamos. Tomando o exemplo do amor, nunca sei se a gente se declara apaixonado porque, de fato, ama ou, então, diz que está apaixonado pelo prazer de se apaixonar.
Simplificando, há duas grandes categorias de expressões: constatativas e performativas.
Se digo "Está chovendo", a frase pode ser verdadeira se estamos num dia de chuva ou falsa se faz sol; de qualquer forma, mentindo ou não, é uma frase que descreve, constata um fato que não depende dela.
Se digo "Eu declaro a guerra", minha declaração será legítima se eu for imperador ou será um capricho da imaginação se eu for simples cidadão; de qualquer forma, capricho ou não, é uma frase que não constata, mas produz (ou quer produzir) um fato. Se eu tiver a autoridade necessária, a guerra estará declarada porque eu disse que declarei a guerra. Minha "performance" discursiva é o próprio acontecimento do qual se trata (a declaração de guerra).
Pois bem, nunca sei se as declarações de amor são constatativas ("Digo que amo porque constato que amo") ou performativas ("Aca- bo amando à força de dizer que amo"). E isso se aplica à maioria dos sentimentos.
Recentemente, uma jovem, por quem tenho estima e carinho, confiava-me sua dor pela separação que ela estava vivendo. Ao escutá-la, eu pensava que expressar seus sentimentos devia ser, para ela, um alívio, mas que, de uma certa forma, seria melhor se ela não falasse. Por quê?
Justamente, era como se a falta do namorado (de quem ela tinha se separado por várias e boas razões), a sensação de perda etc. fossem intensificadas por suas palavras, e talvez mais que intensificadas: produzidas.
É uma experiência comum: externamos nossos sentimentos para vivê-los mais intensamente -para encontrar as lágrimas que, sem isso, não jorrariam ou a alegria que talvez, sem isso, fosse menor. Nada contra: sou a favor da intensidade das experiências, mesmo das dolorosas. Mas há dois problemas.
O primeiro é que o entusiasmo com o qual expressamos nossos sentimentos pode simplificá-los. Ao declarar meu amor, por exemplo, esqueço conflitos e nuances. No entusiasmo do "te amo", deixo de lado complementos incômodos ("Te amo, assim como amo outras e outros" ou "Te amo, aqui, agora, só sob este céu") e adversativas que atrapalhariam a declaração com o peso do passado ou a urgência de sonhos nos quais o amor que declaro não se enquadra.
O segundo problema é que nossa verborragia amorosa atropela o outro. A complexidade de seus sentimentos se perde na simplificação dos nossos, e sua resposta ("Também te amo"), de repente, não vale mais nada ("Eu disse primeiro").
Por isso, no fundo, meu ideal de relação amorosa é silencioso, contido, pudico.
Para contrabalançar os romances e filmes em que o amor triunfa ao ser dito e redito, como um performativo que inventa e força o sentimento, sugiro dois extraordinários romances breves, de Alessandro Baricco, o escritor italiano que estará na Festa Literária Internacional de Parati, na próxima semana: "Seda" e "Sem Sangue" (ambos Companhia das Letras).
Nos dois, a intensidade do amor se impõe com uma extrema economia de palavras ("Sem Sangue") ou sem palavra nenhuma ("Seda"). Nos dois, o silêncio permite que o amor vingue -apesar de ele não poder ser dito ou talvez por isso mesmo.
No caso de "Seda": te amo em silêncio porque te encontro ao limite extremo de uma viagem ao fim do mundo, indissociavelmente ligada a um outro, e nem sei falar tua língua.
Você me ama em silêncio porque sou outro: uma aparição efêmera, uma ave migrante.
No caso de "Sem Sangue": te amo, e não há como falar disso porque te dei e te tirei a vida. E você me ama pelas mesmas razões pelas quais poderia e deveria querer me matar (os leitores entenderão).
Nos dois romances, a ausência da fala amorosa acaba sendo um presente que os amantes se fazem reciprocamente, uma forma extrema (e freqüentemente perdida) de respeito pela complexidade de nossos sentimentos e dos sentimentos do outro que amamos.

segunda-feira, junho 16, 2008

Como você se comporta no elevador?




Psicologia de elevad
or

O meio de transporte, tão comum nas grandes cidades, nos obriga a dividir nosso espaço vital com estranhos e coloca à prova a capacidade de comunicação

por Massimo Barberi

"O elevador é o meio de transporte mais usado nas grandes cidades. Só em São Paulo estima-se que existam mais de 270 mil unidades. E cerca de 8 mil novos são instalados a cada ano no Brasil. A caixa metálica iluminada, com painel de botões e, em alguns casos, um espelho, proporciona o deslocamento vertical de forma muito simples e eficaz – e também explicita modos de interagir. Há os que se sentem donos da situação, justamente porque se encontram em uma área restrita. Outros experimentam o desconforto de compartilhar o espaço vital, tão exíguo, com desconhecidos e, intimidados, torcem para chegar logo ao andar de destino. Existem ainda aqueles que usam o local para jogos sexuais O fato é que cada um de nós tem uma forma de enfrentar o elevador. Com exceção, obviamente, dos que sofrem de claustrofobia e preferem a escada.

Em uma pesquisa realizada nos Estados Unidos em 2001, foram usadas câmeras de vigilância em 15 edifícios públicos. A idéia era identificar e quantificar comportamentos típicos adotados no meio de transporte, a começar pela posição escolhida no interior da cabine. A posição preferida por 47% das pessoas, quase dois terços das quais do sexo masculino, é aquela próxima à parede oposta à porta, ou..."


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terça-feira, junho 10, 2008

Festa Literária de Parati




Literatura

COMEÇA VENDA DE INGRESSOS PARA A FLIP

A Festa Literária de Parati começa a vender hoje ingressos para sua sexta edição, de 2 a 6 de julho, pelo site www.ingressorapido.com.br. As entradas custam R$ 8 (Tenda do Telão) e R$ 25 (Tenda dos Autores e show de abertura), mais taxas. Mais informações pelo tel. 0/xx/ 11/4003-1212 ou www.flip.org.br. Para cada evento, há limite de dois ingressos por pessoa.

domingo, maio 11, 2008

Mulheres e seus direitos: ser ou não ser mãe






Mulheres e os direitos à existência


MIGUEL SROUGI


A sociedade tem a obrigação de participar, exigindo dos governantes compromisso inegociável com a defesa dos direitos da mulher

HÁ UM ano, neste espaço e nesta data, decidi homenagear as mulheres. Na ocasião, procurei mostrar que elas têm um papel insubstituível na superação da miséria e na construção de sociedades mais justas. Terminei dirigindo um olhar de gratidão a todas as mulheres e a minha mãe Ivone. Hoje, volto a falar delas, mas, diferentemente da outra vez, quero homenagear todas as Ivones do mundo neste início de texto -temo que, no final, minhas aflições me impeçam de fazê-lo com ternura.
Fiquei desconcertado com as novas leituras. Segundo a OMS, são realizados a cada ano cerca de 50 milhões de abortos no mundo, 19 milhões dos quais de forma clandestina e insegura. No Brasil, de acordo com dados do Ipas e da Uerj, são efetuados cerca de 1,1 milhão de abortos anualmente, 75% deles induzidos voluntariamente e executados de maneira insegura.
O desconforto aumentou quando descobri que, em 2005, 230 mil mulheres foram internadas em hospitais da rede pública devido a complicações do aborto. Em decorrência, talvez tenham morrido cerca de 11 mil brasileiras. Quase todas pertencentes às classes mais desassistidas, muitas nos primórdios da sua existência, todas elas vítimas da desigualdade de gênero e da discriminação que prevalecem na nossa sociedade.
O significado das estatísticas fica mais incômodo se forem lembrados alguns números. Se às brasileiras fosse dado o direito e o fácil acesso ao aborto seguro, morreriam menos de mil mulheres ao ano. Ainda muito quando falamos de vidas, mas menos indecente que 11 mil. E seriam economizadas somas significativas de recursos despendidos no tratamento das complicações do aborto inseguro.
A dimensão material desse problema pode ser compreendida por dados das Nações Unidas. Para cada dólar aplicado em planejamento familiar e saúde da mulher, são poupados entre 16 e 31 dólares gastos com as complicações decorrentes do aborto. E, num olhar mais humano, centenas de milhares de mulheres seriam poupadas das seqüelas do procedimento clandestino, como agravos psicológicos e sexuais irremediáveis, esterilidade definitiva, lesões genitais mutilantes ou infecções crônicas debilitantes.
Mesmo ciente das minhas carências para debater as questões filosóficas, éticas e religiosas que circundam o aborto, como médico e cidadão não consigo me calar diante de um problema que afronta a dignidade, impõe sofrimentos e pode tolher a existência de seres humanos.
O aborto sempre se misturará com a história da humanidade e nunca poderá ser inteiramente abolido. Sempre existirão as gestações indesejadas, ilegítimas, arriscadas ou inviáveis. Por isso, o esforço de todos os protagonistas desse enredo, governos e sociedade, deveria ser orientado no sentido de impedir que ele se torne necessário e de forjar condições para que as tragédias decorrentes possam ser sanadas com eficiência e rapidez.
Como fazer isso? Os governos, deixando de dirigir ao problema apenas olhares fugazes. Agindo com vontade sincera e coragem para promover o debate, descriminalizando ou não o aborto, de acordo com os anseios da sociedade. Não menos importante, promovendo a criação e a disseminação de programas sobre planejamento familiar, a inserção do ensino sobre saúde sexual e reprodutora nos currículos escolares, o acesso fácil e continuado aos métodos de contracepção e estabelecendo rede qualificada de atenção médica de emergência para mulheres no pós-aborto. Finalmente, concedendo às mulheres os mesmos direitos desfrutados pelos homens no trabalho, na propriedade, na política.
Para ter uma idéia do impacto dessas ações, vale lembrar a experiência vivida pelos romenos. No período do ditador Ceausescu e de leis extremamente restritivas, morriam por complicações do aborto 148 mulheres para cada 100.000 nascimentos vivos. Com a liberação do regime, maior respeito aos direitos humanos e legalização do aborto, o número de óbitos caiu para 9 em 100.000, com redução proporcional no número de mulheres injuriadas pelo processo.
A sociedade tem a obrigação de se inserir nesse concerto, exigindo dos governantes um compromisso inegociável com a defesa dos direitos da mulher e da condição humana. E tem que aceitar uma nova construção social em que a mulher não seja vista como mero instrumento de perpetuação da espécie. Mais que isso, permitindo que ela participe das decisões maiores que afetam seus destinos.
Termino enfatizando que, ao contrário do que o texto possa sugerir, não tenho convicção formada sobre a pertinência da legalização do aborto.
Ausência de convicção não só pelas minhas insuficiências, mas também porque às vezes me custa aceitar que um pequeno ser, como eu já fui, tenha o curso de sua existência tolhido nos seus primórdios. Realidade que talvez Riobaldo, o jagunço filósofo de Guimarães Rosa, tenha tentado descortinar: "Viver é um descuido prosseguido". O que deve valer tanto para uma mulher como para um pequeno ser.

MIGUEL SROUGI
, 61, médico, pós-graduado em urologia pela Universidade Harvard (EUA), é professor titular de urologia da Faculdade de Medicina da USP.

Da Folha em 11 de maio de 2008

quinta-feira, maio 08, 2008

Conanda se posiciona contra depoimento do irmão de Isabella Nardoni


Imagem de uma criança daqui do Google, não é o irmão de Isabela



Conanda se posiciona contra depoimento do irmão de Isabella Nardoni




O Conselho Nacional dos Direitos da Criança e do Adolescente (Conanda) protocolou hoje (08/05), no Fórum de Santana – em São Paulo (SP) – ofício com a posição do Conselho sobre a possibilidade de Pietro (3 anos), irmão de Isabella Nardoni, ser arrolado como testemunha do caso.



O Conanda não recomenda a inquirição da criança por razões como o fato de o denominado "depoimento sem dano" ainda não ter sido implementado em São Paulo (e no Rio Grande do Sul, onde já existe, funciona apenas para vítimas e não para testemunhas); de o artigo 206 do Código de Processo Penal desobrigar pais, mães, filhos e cônjuges de depor; de o artigo 208 do mesmo Código prever que a testemunha com menos de 14 anos não presta compromisso, estando, portanto, desobrigada a depor; e do processo traumático já vivenciado pela criança que pode ser agravado com o depoimento e com a exposição que este ato poderá acarretar.



No documento, o Conselho ressalta seu respeito às competências e atribuições do Ministério Público e do Poder Judiciário, bem como suas características de imparcialidade e discricionariedade, razão pela qual apresenta seu posicionamento e recomendação.





Informações:



Ariel de Castro – Conselheiro do Conanda

Tel: (11) 9127-5341



Maria Luiza Moura Oliveira – Presidente do Conanda

Tel: (61) 9249-8836 / (62) 3227-1717 / 3207-4145





Abaixo, a íntegra da nota:





NOTA PÚBLICA



Posicionamento do Conanda sobre a participação de criança de 3 (três) anos como testemunha em processo criminal do Tribunal do Júri





O Conselho Nacional dos Direitos da Criança e do Adolescente (Conanda), principal órgão do Sistema de Garantias dos Direitos da Infância e Adolescência do País, vem manifestar sua preocupação e posicionar-se de forma contrária à participação de criança em processo criminal perante o Tribunal do Júri prestando depoimento na condição de testemunha.



Os casos de violência contra crianças e adolescentes não são isolados. Eles ocorrem com significativa freqüência na sociedade brasileira e precisam ser enfrentados de forma exemplar e prioritária, no âmbito preventivo e punitivo. Essa, certamente, é a principal preocupação do Conanda.



Entendemos que os casos de violência precisam ser noticiados visando prevenir outras ocorrências e enfrentar a impunidade. Nesse sentido, os meios de comunicação exercem um papel nobre e relevante. Porém, alguns excessos de comunicação, com forte carga de apelo emocional, também constroem caminhos que podem levar a situações de excessiva exposição e conseqüente desproteção da criança e/ou do adolescente, que já se encontra bastante vulnerável.



Diante deste contexto, o Conselho identifica que no caso do assassinato da menina Isabella, de 5 anos, morta ao ser asfixiada e em seguida atirada do 6º (sexto) andar do prédio, supostamente por seu próprio pai e pela madrasta, nos alerta sobre os riscos com relação à tomada do depoimento do irmão de apenas 3 anos, como testemunha, tendo em vista a conclusão da polícia que o menino teria presenciado todos os fatos. Tal situação aventa a possibilidade desta criança testemunhar no processo criminal da morte da irmã, onde os acusados são seus próprios pais.



O Conanda não recomenda a inquirição da criança como testemunha no caso citado pelas seguintes razões:



1) O denominado "depoimento sem dano" ainda não foi implementado no Estado de São Paulo. No Estado do Rio Grande do Sul, onde foi implementado, são ouvidas "vítimas" e não "testemunhas";



2) O artigo 206 do Código de Processo Penal prevê que pais, mães, filhos e cônjuges podem se eximir da obrigação de depor. Nesse caso, a criança de 3 anos não tem como manifestar sua vontade real e inequívoca de depor ou não depor;



3) O artigo 208 do Código de Processo Penal também prevê que a testemunha de menos de 14 anos não presta compromisso, portanto também não é obrigada a depor. Dessa forma, o depoimento, mesmo que ocorresse, teria um valor relativo;



4) O artigo 18 do Estatuto da Criança e do Adolescente (Lei 8.069/1990) dispõe que "é dever de todos velar pela dignidade da criança e do adolescente, pondo-os a salvo de qualquer tratamento desumano, violento, aterrorizante, vexatório ou constrangedor". Certamente, a inquirição de qualquer criança acarretaria conseqüências para seu desenvolvimento psíquico, independentemente da forma utilizada. Em um caso complexo e de tanta repercussão, onde todas as informações são exaustivamente tornadas públicas imediatamente, certamente geraria grande constrangimento para uma criança de três anos. Eis que além de ter sua imagem e privacidade extremamente devassadas, acentuaria as dificuldades de convivência familiar e comunitária. Além disso, avaliamos as dimensões e repercussões emocionais ao longo do desenvolvimento desta criança ao se culpar e/ou ser culpada pela possível prisão dos pais. Isso não significa que o crime e a superação dos traumas não devam ser trabalhados nas terapias. O que não podemos aceitar é a exposição desta criança perante a Justiça e, conseqüentemente, perante toda a sociedade brasileira.



5) Considerar a proteção do mundo subjetivo da criança também é pensar na garantia dos direitos humanos de uma pessoa em situação peculiar de desenvolvimento, que tem direito de calar e elaborar seus conflitos. Outra reflexão é o risco da exposição do universo psicológico de uma criança e com isso romperem-se as fronteiras da proteção em momentos de extrema fragilidade psicológica.



6) A questão que se coloca nesta problematização é a de que inquirir qualquer criança é algo polêmico e muito delicado. No caso específico, nos parece que a criança, aos três anos de idade, se encontra no período de estruturação psíquica e vivenciando repetidos acontecimentos traumáticos. Portanto, não vislumbramos qualquer benefício ao processo e principalmente à criança, que já se encontra extremamente vulnerável, a citada inquirição como testemunha.



7) Nesse sentido, respeitando as competências e atribuições, além da imparcialidade e discricionariedade do Ministério Público e do Poder Judiciário, apresentamos o presente posicionamento e recomendação.



Brasília, 08 de maio de 2008



Maria Luiza Moura Oliveira

Presidente do Conanda


Daqui: A pauta dos direitos da infância e da adolescência
Rio Grande do Norte - 08/05/2008

quarta-feira, maio 07, 2008







Sessão de Cinema e Psicanálise

"O inocente"


Luchino Visconti


Dia 9 de maio, às 20:00 hs, na Aliança Francesa de Natal



Ficha Técnica

Direção: Luchino Visconti

Roteiro: Luchino Visconti, Suso Cecchi d'Amico, Enrico Medioli

Produção: Giovanni Bertolucci

Música Original: Franco Mannino

Música Não Original: Wolfgang Amadeus Mozart, Christoph von Glück

Fotografia: Pasqualino De Santis

Edição: Ruggero Mastroianni

Design de Produção: Mario Garbuglia

Direção de Arte: Luchino Visconti

Figurino: Piero Tosi

Maquiagem: Aldo Signoretti

País: Itália, França

Gênero: Drama

Prêmios: Prêmios David di Donatello - David de Melhor Música



Elenco:


Ator / Atriz
Personagem

Giancarlo Giannini
Tullio Ermile

Laura Antonelli

Giuliana Ermile

Jennifer O'Neill
Condessa Teresa Raffo

Rina Morelli

Mãe de Tullio

Massimo Girotti
Conde Stefano Egano

Marc Porel

Filippo d'Arborio

Didier Haudepin
Federico Ermile

Marie Dubois

A Princesa

Claude Mann
O Príncipe





Comentário




Na abertura do filme, uma mão gasta pelo tempo folheia as páginas de um grosso volume do romance de Gabrielle D’Annunzio, “L’innocente”, sobre um tecido vermelho. Vermelho é a cor predominante neste drama. Trata-se do último filme de Visconti, finalizado três meses antes da sua morte. É um filme intimista, dramático; a subjetividade dos personagens é privilegiada, é o que dá veracidade e complexidade à trama. É dessa subjetividade que emerge a intensidade dramática do filme. Já tendo rompido com o neo-realismo, Visconti faz uma livre adaptação do livro homônimo do polêmico escritor.




A esgrima, o sarau, o figurino e a ambientação não deixam dúvidas, desde a primeira seqüência, de que se trata de um filme de época. Entretanto ele aborda um tema atemporal e universal, pois trata da estrutura do desejo, do amor e do gozo. Tudo isto é entrelaçado e posto em jogo nos triângulos amorosos.



Roma, final do século XIX. Nas primeiras seqüências, com elegância e o perfeccionismo habitual, Visconti já nos apresenta os elementos dessa trama.




Túlio, um nobre, intelectual, ateu e sem preceitos morais vai com a sua mulher Giuliana, inicialmente passiva, discreta e reservada, ao sarau oferecido pela melhor amiga dela .



Ao som da marcha turca de Mozart aparece Teresa Raffa, amante de Túlio que, por alguns instantes encara Giuliana. Minutos após, no salão ao lado, tudo se harmoniza com o vestido vermelho de Teresa. De um lado, mulheres de preto e homens de smoking; do outro lado, combinando com o vermelho da parede está Teresa, bela, fatal, livre e sem preconceitos, como ela mesma se define. Objeto de desejo de todos os homens, ela também causa o desejo de Túlio, mas quer exclusividade.




Esta seqüência revela também a posição de Giuliana diante dessa paixão forte, obstinada, imperativa. Submissa e resignada, ela aceita calada que Túlio se retire do sarau com a amante.



Diante da exigência de Teresa de ser a única para Túlio, ele encontra uma solução bastante prática: decide partir em férias para Florença com a amante e pede que Giuliana o espere.




Lembra a ela o pacto que fizeram no início do casamento: o amor deveria existir enquanto fosse intenso; depois deveria ser substituído pelo afeto, pela estima, interesses comuns e pela amizade. Caberia a um deles aceitar ou não.



Giuliana sempre havia aceitado sem reagir. Por amor? Pelo medo de mudar de vida? Pela esperança de recuperar a intensidade da paixão do início do casamento? Para evitar escândalos? Por masoquismo? Túlio pede pra que ela o espere. O que ela deve esperar? Talvez que a paixão por Teresa decresça e nada mude no modo pelo qual o casal arranja o seu gozo.




Giuliana o interroga: “Teresa é viúva, é livre. O que o impede de juntar-se a ela se é isso que deseja?” Talvez Túlio dissocie muito bem, ao modo masculino, desejo e amor. Talvez Túlio saiba que o desejo é efêmero, que ele desliza de um objeto para outro, de uma mulher para outra.



Teresa é sedutora, gosta de ser cortejada pelos homens, levá-los ao desespero e assim certificar-se do quanto é desejada. Túlio atormenta-se por que ela está sempre escapando. Diz ele: “Ela é infiel. No momento em que a sente sua, completamente sua, ela lhe escapa. Está com você, mas sente que está perseguindo outros fantasmas, outros desejos.”




Teresa o faz acreditar que deseja para além dele enquanto Giuliana o faz crer que lhe pertence, que é previsível e fiel.



Túlio quer apreender o ser da mulher, colocando-a no lugar da sua fantasia, mas se ela o ocupar, o desejo desaparece. A sua mulher cai no engodo de fazê-lo crer nesta ilusão. A sua vida com Giuliana lhe parece morna, fraternal e a sua resignação, a certeza da sua fidelidade e de que ela vai sempre estar a sua espera reforça isto. Túlio pede a fidelidade, a posse, mas se ele consegue, a mulher deixa de ser causa de desejo para ele. Há algo de mortificado nesse casamento, como se o gozo estivesse ausente.




Um diálogo com Giuliana mostra um pouco do quanto há de gozo nessa relação atormentada com o ciúme, o medo da infidelidade. Diz Túlio:



-“(...)A coisa mais perigosa pra mim é que o estado de desespero em que me encontro me deixa tão infeliz, mas ao mesmo tempo me deixa vivo.(...)


- Fala como se eu nunca tivesse existido.

- Tem razão. Sou injusto. Desculpe, tem que ter paciência comigo. Como um doente.

-Um doente que se regozija da sua própria doença.”



Túlio fica mesmo doente, muda a expressão, fuma muito, não sai de casa. Parece mal de amor, mas a se guiar pelos acontecimentos que se seguem, parece que a função de Tereza estava em saber causar o seu desejo e manter o gozo do qual ele depende: uma espécie de torpor, de encontrar a felicidade no tormento.



“Uma nova razão”, um toque no tambor, um novo passo, a cabeça que se volta: o novo amor (Rimbaud). Giuliana distraiu-se, surgiu um novo amor, um encontro, um acaso. Abandonada, triste, quase desfalecida, humilhada, conhece Fillipo D’Arborio, escritor da moda. Não sabemos muito sobre esse amor, apenas um comentário de Túlio indica que dormiram algumas noites e ela já o amaria por toda vida. “É extraordinário o dom que as mulheres têm de adaptar a realidade aos ideais românticos da pior literatura”, diz Túlio.




“Uma nova razão” também surge para Túlio ao começar a perceber mudanças na sua mulher: um novo perfume, um capricho ao se arrumar, uma mentira, um novo véu recobre o seu rosto.



A partir de então, Teresa é imediatamente e literalmente esquecida enquanto passamos a nos deparar com uma face do amor louco, desmedido. Numa luta para capturar o pensamento de Giuliana, que está alhures, e apreender o seu ser, que, este, ninguém apreende, a não ser na morte, Túlio procura descobrir o segredo de Giuliana, atormentando-a.




Em momentos de grande esmero visual, ele e Giuliana passeiam no campo. Giuliana aparece e se esconde por entre as árvores.



Para Lacan é nessa abordagem do ser pelo amor que reside o extremo do amor e que desemboca no ódio (Seminário XX - Mais, Ainda).




O amor nessa vertente ilimitada é o que Túlio chama de experiência inebriante, mórbida, onde amor e gozo se conjugam.



A mudança de Giuliana leva Túlio ao êxtase, pois ele depende de um terceiro para garantir esse gozo, ou melhor, colocar-se ele mesmo como um terceiro, imaginando o que o outro tem para causar o desejo de Giuliana.




Lacan introduz um neologismo para falar do gozo do ciúme, advindo do ódio-ciumento. O termo é jalouissance, uma mistura de jalouse (ciúme) e jouissance (gozo). O exemplo paradigmático disso é o de Santo Agostinho que olha o irmão mamando no colo da mãe. O terceiro é ele mesmo e a criança olhada ele supõe que tem o que Lacan chama o ‘a’, algo que funciona como causa de desejo (Seminário XX - Mais, Ainda).



Túlio é o terceiro na relação entre Giuliana e Fillipo D’Arborio. Ele não pode olhar, mas imaginariza o que ela pensa, em que ela pensa. Para ele, Fillipo o tem, o ‘a’.




O filme revela um final surpreendente, diferente do romance de Gabrielle D’Annunzio. O único final cabível neste filme requintado, de grande cuidado visual e ao mesmo tempo, cruel e implacável. Há beleza também no último minuto do filme: o drama se desfaz enquanto a imagem de Teresa se afasta na neblina.





Natal, 4 de maio de 2008




Tereza Sampaio





domingo, maio 04, 2008

Narcisismo de homens e mulheres


Todos querem ser amados para sempre, amor indelével.
Ai está a questão- 'this is the question', caríssimos...



Foto daqui


CONTARDO CALLIGARIS

Narcisismo de homens e mulheres


O homem vive um narcisismo valentão; a mulher questiona: "Será que gostam de mim?"

NA COLUNA da quinta retrasada, "O Trauma do Amor", escrevi o seguinte: "Mesmo quando a iniciativa da separação foi da própria mulher (ou compartilhada por ela) e não houve "infidelidade" do lado do homem, as mulheres tendem a viver a separação como uma traição, como uma crueldade que lhes foi feita, uma sacanagem".
Acrescentei que deixaria para outra vez a explicação dessa especificidade feminina. Respondendo aos pedidos de vários leitores e leitoras, aqui vai UMA explicação.
Muitas culturas (não só a nossa) preferem que, no início do jogo amoroso, os homens façam o primeiro passo. Ultimamente, o recato deixou de ser uma qualidade feminina essencial: uma mulher que se arrisque a ser a primeira a mostrar seu interesse não é mais uma atrevida (ou pior). Mas o hábito permanece: "Que os homens se manifestem, e as mulheres aceitem ou rejeitem".
Há, nesse costume antigo, uma certa sabedoria, pois, para os homens, em geral, é mais fácil lidar com uma negativa. Raramente a recusa os leva a uma dúvida radical sobre eles mesmos. Muito antes de perguntar-se "Será que não sou aquela maravilha toda que minha mãe e minhas tias diziam que eu era (e, se não disseram, deveriam ter dito)?", os homens conseguem inculpar detalhes contingentes ("Hoje, excepcionalmente, o desodorante me largou") e, sobretudo, acusam a própria mulher que os recusou: se ela não quis, é porque é "uma puta". Paradoxal, não é?
Pois é, mas o paradoxo é revelador. Para o homem, como era de esperar, a única que não seja "puta" é a mãe, que, supostamente, gostava e gosta só dele.
As outras, que não se extasiam diante de seus vagidos, são "putas" porque podem lhe preferir terceiros quaisquer. Por sorte (de todos nós), essa "segurança" narcisista do homem tem uma pequena falha: a própria mãe, por mais que se extasiasse com ele, fechava-se no quarto com o pai, de vez em quando (para o menino, aliás, não é um bom negócio que a mãe se esqueça de ser mulher).
Seja como for, o narcisismo masculino não se deixa abalar por uma recusa. A convicção de ter sido objeto exclusivo e insubstituível do amor materno é um recurso (quase) seguro: "Pouco importa que as outras não gostem de mim, pois a única que importa gostava e gosta".
Para a maioria das mulheres, acontece o contrário. Uma recusa e uma negativa valem como uma espécie de confirmação do que era suspeitado por elas desde sempre: "Não agrado e nunca fui verdadeiramente amada".
Hoje, depois de décadas de um lento processo de mudança cultural em que o feminino foi valorizado, afirma-se que o amor de mãe é o mesmo para menino ou menina. Mas a "Escolha de Sofia" (o romance, note-se, foi escrito por um homem) seria, provavelmente, a mesma: acuada, tendo que escolher entre o filho e a filha, Sofia ainda salvaria o menino.
O sentimento de que um filho satisfaz a mãe mais do que uma filha continua na cultura, solidamente.
Quer seja pela ilusão de que o filho homem não sumirá pelo mundo afora, mas, por eternizar o sobrenome, ele ficará na tribo (perto da mãe).
Quer seja pela sensação de completude que talvez acompanhe a constatação materna de ter conseguido dar à luz um ser tão diferente dela, um ser do outro sexo.
A conseqüência dessa disparidade do amor materno é a tragicomédia cotidiana, em que uma mulher, mesmo em seu melhor dia, precisa perguntar a seu companheiro se ele a acha bonita. E um homem, deformado por churrascos e cerveja, julga-se irresistível.
Em suma, homens e mulheres, em geral, padecem de narcisismos diferentes: o homem é blindado por uma segurança eficiente e um pouco obtusa, e a mulher é constantemente exposta ao risco de um dúvida radical sobre o amor que ela recebe.
O discurso comum pensa que a mulher, mais cuidadosa com sua aparência, seja "mais narcisista" do que o homem.
Não é nada disso: o homem vive um narcisismo valentão, enquanto a mulher não pára de questionar: "Será que gostam de mim?". Corolário: a mulher, por isso mesmo, é melhor psicóloga do que o homem -mais perspicaz na leitura das palavras e dos gestos dos outros.
Conclusão: a rejeição, para uma mulher, é uma experiência que coloca em perigo sua precária certeza de ser aceita no mundo, é uma experiência que abala seu ser, que a fere além da conta. Inclusive além da conta possível de perdas e danos numa separação.



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domingo, abril 13, 2008

A tragédia com Isabella...

Folha de São Paulo, 10 de abril de 2008

A tragédia com Isabella nos lembra afetos dolorosos que regram nossa maneira “moderna” de casar.

Contardo Calligaris


Não conhecemos os eventos que levaram à morte de Isabella Nardoni; só sabemos que a menina, de cinco anos, foi assassinada, intencionalmente ou não, enquanto estava na custódia do pai e da madrasta. E conhecemos um pouco a história da família: a mãe e o pai de Isabella não chegaram a se juntar. Foi um romance adolescente que acabou antes de Isabella nascer. O pai tem dois filhos pequenos com sua mulher atual.
É uma situação trivial: a pensão mensal, as visitas, o padrasto ou a madrasta, os meio-irmãos etc. Mas a banalidade dessa situação não deveria disfarçar o emaranhado de afetos dolorosos que ela produz-afetos que muitos vivem e que todos preferimos esquecer.
Não sei se esses afetos são responsáveis pela morte de Isabella. Mas talvez eles sejam responsáveis pela extraordinária comoção produzida pela sua morte. Como assim?
A morte violenta de uma criança nos fere a todos: é como se, ao mesmo tempo, alguém nos arrancasse um pedaço de nosso próprio futuro e destruísse a fantasia nostálgica da infância, que sempre cultivamos, mesmo que o primeiro período de nossa vida tenha sido infeliz.
Mas a história de Isabella nos comove também por outra razão: as tentativas de “explicar” o acontecido evocam, inevitavelmente, as dificuldades de nossa maneira “moderna” de casar.
São dificuldades nas quais, em geral, preferimos evitar de pensar.
É comum que o marido ou a mulher (às vezes, ambos) levem para o casamento filhos que são frutos de uma relação anterior. Espera-se que isso aconteça sem complicação: afinal, se descasamos e casamos por amor, por que o mesmo amor não reinaria pelo lar todo? Pois é, o amor é uma coisa complicada. Exemplos.
A rivalidade, que sempre existe entre irmãos, vinga entre enteados e meio-irmãos. E vinga redobrada, justamente por ser mais inconfessável do que a rivalidade entre irmãos -por ser silenciosa, reprimida pelo esforço geral de compor uma nova família ideal, em que todos os integrantes se amariam.
Na nova família, à primeira vista, o homem convive com seus enteados melhor do que a mulher. Não é nenhum milagre do “instinto” paterno: o homem encontra uma satisfação narcisista no exercício da paternidade. Ele, aliás, curte ser e se sentir amado por suas qualidades “paternas”. Pare ele, saber ser pai de filhos e enteados faz parte de uma virilidade que ele quer que seja reconhecida e festejada pela mulher. Mas cuidado: a encenação da paternidade, embora às vezes espalhafatosa, não resiste à pressão da culpa de dar para seus filhos de sangue menos do que para seus enteados.
Essa culpa, envergonhada e reprimida, é inevitável, porque há uma coisa que o homem, na grande maioria dos casos, dá mais aos enteados do que aos filhos: sua própria presença no lar.
A mulher, ao contrário, vive quase sempre uma rivalidade dramática com seus enteados: compete com eles como se ela fosse mais uma filha. Para a mulher, o enteado ou a enteada não usurpam o lugar dos filhos que ela trouxe de um casamento anterior, nem o lugar dos filhos que nasceram no novo casamento: eles ameaçam usurpar o próprio lugar dela. Essa rivalidade, escondida, expressa-se de maneiras travessas: por exemplo, numa crítica assídua das manifestações do afeto paterno do homem para com o filho ou a filha dele. Ou seja, para não admitir um ciúme envergonhado do enteado, a mulher censura o “excesso” dos sentimentos paternos do marido. Esse, criticado como pai, sente-se diminuído como homem. O desastre está às portas.
São apenas exemplos. O casamento “moderno” é um nó de afetos reprimidos, uma convivência explosiva que aposta no amor do casal como se fosse remédio para todos os males.
Não se trata de condenar a idéia de que seja possível refazer sua vida com outro ou outra e, nessa ocasião, levar consigo os filhos dos casamentos anteriores. Mas seria melhor que a gente se engajasse nesses projetos sem a ilusão de que os bons sentimentos prevalecerão por conta própria. Seria melhor, para começar, que nossas disposições menos nobres, em vez de silenciadas e reprimidas, fossem faladas, explicitadas. Isso, para evitar que, de vez em quando, a trágica morte de uma menina nos lembre, por um dia ou uma semana, que a vida das famílias “modernas” é muito mais difícil do que parece.

Demonizar o pai de Isabella pode ter a função de exorcizar algo que tememos

'Demonizar o pai de Isabella pode ter a função de exorcizar algo que tememos'

Concordo, é um absurdo esta precipitação em acusá-lo. Terrível. Elianne Abreu

Nascimento tardio

ATENÇÃO DADA À CRIANÇA COMO SER ÍNTEGRO DOS PONTOS DE VISTA SOCIOLÓGICO E PSICOLÓGICO TEVE SEU INÍCIO NO SÉCULO 18, COM ROUSSEAU

RENATO MEZAN
COLUNISTA DA FOLHA

Uma das reações ao assassinato de Isabella Nardoni -a precipitação da imprensa, de certos investigadores e até de membros do Judiciário em acusar o pai da menina- incita a refletir. Por que tanta pressa para encontrar um culpado, infringindo o elementar direito desse homem à presunção de inocência e eventualmente a um julgamento justo?
E isso apesar do precedente da Escola Base, no qual os adultos suspeitos de abuso sexual contra um menino se mostraram inocentes.
É natural que tragédias suscitem comoção pública: alguns leitores talvez se lembrem de incêndios como os do Andraus e do Joelma, e, mais recentemente, o tsunami, o furacão Katrina, o acidente da Gol também despertaram revolta e solidariedade.
Mas nem toda tragédia é um crime: casos como o de Isabella, como o de mães que tentam matar seus bebês indesejados, provocam uma repulsa mais profunda porque põem em jogo a crença na naturalidade dos sentimentos familiares.
Se hoje a violência contra crianças nos parece particularmente hedionda, convém lembrar que essa é uma atitude recente. Durante séculos, ela foi aceita como legítima, quer no interesse da própria criança (castigos físicos como parte da educação do caráter, por exemplo), quer no dos pais (abandono de filhos ilegítimos na "roda dos enjeitados") ou da sociedade (infanticídio eugênico em Esparta, assim como em certas tribos indígenas e africanas).

Direito de vida e morte
O princípio que justificava tais práticas era bem expresso na Lei das Doze Tábuas: "O pai tem direito de vida e morte sobre seus filhos, assim como de os vender" (tábua 5, 2).
A mesma regra vale em inúmeras sociedades antigas e mesmo atuais: como prova da sua fé, Jeová exige de Abraão que sacrifique Isaac; como não há alimento para todos os membros da família, João e Maria são enviados para morrer na floresta; Édipo é abandonado no monte Citerão devido à profecia segundo a qual mataria seu pai; repetindo o faraó, Herodes manda matar os meninos judeus para evitar que um deles se torne o salvador do povo; bebês do sexo feminino são assassinadas na China porque o único filho permitido pela lei deve ser menino -os exemplos encheriam toda esta página.
Foi com a idéia cristã de um Deus menino que começaram a surgir práticas mais respeitosas para com as crianças, como a educação dos abandonados nos mosteiros medievais. Mas a categoria psicológica e sociológica da infância é recente: data do século 18 (Rousseau).
A percepção de que os pequenos seres humanos têm características emocionais e intelectuais distintas daquelas dos adultos levou à criação da "nursery", com seus brinquedos e jogos, e de histórias próprias para eles: primeiro, as de Hans Christian Andersen, depois as de fada, até chegarmos aos desenhos animados; o primeiro longa-metragem do gênero, "Branca de Neve", retoma a história de uma garota cuja morte é desejada.

Crença na pureza
Essa evolução dos costumes produziu a crença na "inocência" e na "pureza" da criança, em particular no que se refere à sexualidade.
As descobertas psicanalíticas mostram que as coisas são um pouco diferentes, mas é importante frisar que elas não invalidam a dimensão jurídica da proteção aos menores: o pequeno é mais fraco do que o grande, e, portanto, o crime contra ele é considerado mais grave que o praticado entre iguais.
Já a lei romana prescrevia: "O tutor que agir com dolo será destituído com infâmia e pagará em dobro o prejuízo causado" (tábua 7, 11). O que é condenado aqui é o abuso de confiança, que, além de ser um delito, é também uma transgressão aos princípios da ética.
Um marco histórico na percepção de que a criança é sujeito de direitos foi a Declaração dos Direitos adotada sobre ela pela ONU em 1959, base para o nosso Estatuto da Criança e do Adolescente, que, apesar de algumas falhas, é uma boa lei.
O fato de ela ter "pegado" mostra que a sociedade brasileira está disposta a cuidar melhor das novas gerações e a punir os que agirem de modo contrário -e isso é um avanço civilizatório.

Situações intoleráveis
Prova disso é que situações que há poucas décadas deixavam as pessoas indiferentes ou apenas suscitavam protestos da boca para fora, como a exploração do trabalho infantil, são hoje tidas por intoleráveis.
A esses dados de ordem sociológica e política o psicanalista pode acrescentar que o abuso sexual, a pedofilia, a brutalidade na punição, o infanticídio não nos chocam apenas porque ofendem o princípio da proteção ao mais fraco, mas também porque mobilizam ansiedades infantis à ameaça representada pelo adulto (bruxas, ogros).
Além disso, há a angústia diante da possibilidade de que venhamos a ter tais desejos e idéias -ou, pior, a praticar tais atos, que correspondem a fantasias inconscientes mais difundidas do que gostaríamos de acreditar.

Exorcismo
Demonizar o pai de Isabella pode ter a função de exorcizar algo que tememos, porque inconscientemente também desejamos -a possibilidade de prejudicar, pouco ou muito, os pequenos que dependem de nós. Já o sabia o profeta Jeremias: "Os pais comem uvas verdes, e os dentes dos filhos apodrecerão?" ("Jeremias", 31:29).



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RENATO MEZAN é psicanalista e professor titular da Pontifícia Universidade Católica (PUC-SP). Escreve na seção "Autores", do Mais! .

quinta-feira, abril 10, 2008

Sessão de Cinema e Psicanálise






Sessão de Cinema e Psicanálise


Quando: Dia 11 de abril, sexta-feira, às 20:00 hs
Local: Aliança Francesa de Natal
Onde fica: Rua Potengi, 459, Petrópolis -
Praça Pedro Velho- Praça Cívica





Carta de uma desconhecida
de Max Ophüls



Ficha Técnica



Filme: Carta de uma Desconhecida


Diretor: Max Ophuls


Baseado no livro de Stefan Zweig


Atores: Joan Fontaine, Luis Jourdan








Comentário de Teresa Sampaio






“Um olhar é algo difícil de definir; ele pode sustentar uma existência ou devastá-la”

(J.Lacan)



Max Ophuls, considerado um dos grandes estetas da história do cinema, faz uma adaptação delicada do livro de Stefan Zweig. A desconhecida era, no romance de Zweig, ‘uma amante invisível, tão imaterial e tão passional como uma música longínqua’. Talvez, inspirado nisto, Max Ophuls transforma o personagem do livro que era um escritor, em pianista e inunda o filme de música.





Ele utiliza-se da carta que o pianista Stefan (Louis Jourdan) recebe de Liza Bernle (Joan Fontaine) como elemento narrativo para fazer evoluir o filme em flashback, descrevendo docemente a imensa solidão e o abismo entre o casal.





Liza tem treze anos quando Stefan Brand muda-se para o apartamento em frente ao seu. A chegada de Brand representa um verdadeiro divisor de águas na sua vida, antes mesmo de conhecê-lo.





Antes a sua vida era vaga, perturbada e confusa, coberta por poeiras e trevas. Havia uma pobreza reinante, vizinhos mal-educados, impertinentes. A mãe era a pobre viúva de um funcionário de finanças, sempre de luto. Ela, uma criança magra e apenas formada. ‘Vivíamos como perdidas na nossa mediocridade de pessoas pequenas’. Na porta do seu apartamento não havia nenhuma placa com o nome Bernle, coisa incomum na época. Liza viveu uma infância sombria, anônima, sem vida.



A sua vida começa com a chegada do novo vizinho com o seu piano, com os objetos que a extasiaram, como ídolos hindus, esculturas italianas, belos e numerosos livros em vários idiomas, tapetes persas e quadros esplêndidos.





Um simples olhar no interior do apartamento apagou os treze anos vividos até então. A casa fora inundada pela sua música. A música e o novo universo que se apresenta a ela, mesmo só fazendo parte dele na fantasia, é o marco que a faz esquecer o passado.





Diz Liza que apenas pôde lançar um fugitivo e furtivo olhar na vida dele, mas esse olhar foi suficiente para que ela pudesse sonhar infinitamente, nos devaneios e nos sonhos. Nesse primeiro momento ela o envolveu numa aura de estranheza, riqueza e mistério. ‘Este rápido minuto foi o mais feliz da minha infância’, diz ela. ‘Eu quis já te contar pra que tu comeces a compreender como uma vida pode se ligar à outra até o aniquilamento. ’





Uma idéia a deixa obcecada: como seria este homem que tinha lido livros tão belos, que conhecia todas essas línguas e era tão rico e sábio?





Fascinação e deslumbramento foram os sentimentos que a invadiram desde o início, mas ela ainda o confundia com a imagem de um Deus ou de um pai.





Completamente tomada pela música que vinha do seu apartamento, costumava imaginar que ele tocava para ela.





Apenas num terceiro momento, quando ela o vê, é que se dá conta de que ele não era um Deus ou um pai, mas sim um homem, ou melhor dizendo, um Homem. Liza estremece de surpresa ao perceber o quanto ele era jovem, leve, esbelto e elegante. ‘Foi depois desse segundo que eu te amei (...) como uma escrava, como um cão. Nada sobre a terra parece com o amor de uma criança retirada da sombra. Eu me precipitei no meu destino como num abismo. ’





Durante muito tempo esse amor levado ao extremo, um amor onde se mesclam fascinação e devastação, sustentou a vida de Liza. Por ele ou para ser algo além de uma cave empoeirada, sem nome na porta do apartamento, ela mergulha tanto no mundo de Stefan que acaba fazendo parte dele. Liza lê tudo o que rastreia do seu gosto literário, lê a vida de vários músicos, acompanha todos os passos da sua carreira.





Dos dezesseis aos dezoito anos é obrigada a morar em Linz com a mãe e o padrasto. Lá ela é cortejada por um tenente importante, mas ela não podia ser desejada por outros homens, já que pertencia a Stefan. Ela diz que não queria se distrair da sua paixão.



Liza, Linz, Liszt. Esses nomes não constam no livro de Stefan Zweig. Talvez Max Ophuls quisesse manter uma homofonia para acentuar que estamos num mundo extremamente musical.





Desse modo ela retorna à Viena. A sua paixão se torna mais ardente, mais concreta, mais feminina. Liza agora é uma mulher; ela está bela, tem belos momentos com Stefan, mas a despeito disto, continua uma desconhecida para ele. A cada encontro uma distância se fazia e ele não a reconhecia. ‘Tu não me reconheceste, nem então, nem jamais. Jamais tu me reconheceste. Fatal dor da minha vida... restar desconhecida’.





Mas ela não faz nenhum esforço para que ele se lembre nem por um momento. Queria ser a única... a única mulher que jamais lhe pediu algo, um amor que não deixa nenhuma carga, a mulher que não deixa traços.





O que aconteceria se Liza se fizesse reconhecer? Talvez ela não se sentisse tão única, ela seria uma mulher como as outras; talvez ela tivesse que abrir mão dessa espécie de êxtase que a devastava, mas também a fascinava. Liza só conhece esses dois extremos: de um lado, a sua infância, anônima, sombria, sem vida; do outro lado está o deslumbramento com o mundo da música e a paixão por um belo homem.





O casamento com um homem rico e também bonito, que poderia lhe estabilizar, vacila diante da vontade de reviver aquela mesma sensação que, como ela mesma define, ‘é mais forte que ela mesma’.





Afinal, o caráter de exclusividade que ela lhe atribui exige uma certa fatalidade como desfecho:

‘eu não creio em Deus, eu só creio em ti e não desejo sobreviver que em ti.’,

diz Liza no livro de Zweig.





Natal, 08 de abril de 2008.



Tereza Sampaio

















domingo, abril 06, 2008



Um grito agudo corta o silêncio. Voz de mulher.

Paro de escrever.

- "Coma, coma tudo, anda", diz aos berros para a criança.

É uma menina pequena, inquieta.

Em alguns domingos passa o dia na piscina de adultos- usa bóias nos braços- se recusa a sair.

A mãe a observa da borda. Daqui ouço os gritos.

Que futuro terá esta menina?

Eu não sou da sua rua




Eu não sou da sua rua

Depois de passar dez anos morando nas esquinas de São Paulo, Esmeralda Ortiz, ex-menina de rua, prova que é possível achar um sentido para uma vida errante

Por Filipe Luna na Cult


Nem todos os becos são sem saída. Esmeralda Ortiz perambulou muito, mas achou o caminho que a levou para longe das calçadas depois de 10 anos sem teto, endereço ou CEP. A moça foi, durante uma década de seus 28 anos, uma menina de rua. Com direito ao pacote completo. Entrou e saiu umas cinqüenta vezes da Febem, roubou, cheirou cola, fumou crack, sofreu abuso sexual. A rotina dos fantasmas da cidade que passam propositadamente despercebidos para os transeuntes. Toda essa história Esmeralda contou no seu primeiro livro, Porque não dancei, que narra uma impressionante trajetória de recuperação de uma vida quase perdida. De fato, quem vê e conversa com essa mulher feita hoje, mal pode acreditar que é a mesma pessoa de quem a vida abusou por tanto tempo. Difícil crer que era essa a mesma adolescente que, louca de crack, brincava de pega-pega com a polícia; ou a menina que apanhava diariamente da mãe antes de fugir para a rua; ou a que foi estuprada na linha do trem.

Esmeralda começou a reescrever sua história iluminada pelo fio de luz que entrava na sua cela na Febem com um cotoco de lápis dado pelo diretor e mantido sob segredo constante, para evitar tomar pauladas dos funcionários. Quando deixou a rua e o crack, a menina encontrou no projeto Aprendiz, de Gilberto Dimenstein, a direção para começar a se tornar a mulher que é hoje. Com o apoio dele, escreveu e publicou seu catártico primeiro livro. Depois veio O diário da rua, sua segunda aventura como escritora. Nesse meio tempo, Esmeralda ganhou educação - enfrentando suas próprias deficiências para terminar a faculdade de jornalismo - e um rebento - Kadu, seu filho de 3 anos, que cria sozinha em sua casa em Pirituba, zona oeste de São Paulo. É esse desenrolar de seu roteiro que ela contou para a CULT nesta entrevista, provando que pode haver vida depois da rua, que é possível carregar o peso que ela suportou na sua errância sem partir as costelas e começar a escrever um final diferente para uma história destinada a ser estatística.

CULT: Como foi seu percurso depois que fez seu primeiro livro?
Esmeralda Ortiz: Quando saí da rua eu tinha uma meta: estudar. E quando escrevi meu livro a meta cresceu mais ainda. Teve até uma menina que saiu da rua, e escreveu um livro também, que se suicidou depois que terminou. Eu entendo. Fiquei mal, meu. Queria me enfiar em qualquer buraco. Mas não queria ser apenas uma escritora que saiu da rua e conseguiu fazer um livro, eu queria quebrar esse padrão. Fui estudar, investir na minha educação. Entrei na faculdade Anhembi-Morumbi. O reitor me ligou oferecendo uma bolsa. Ligou também o dono da livraria Cortez me oferecendo uns livros. Pessoas que nunca tinha visto, me ajudando, isso faz valer a pena. A faculdade foi muito legal, mas mesmo assim, sofri um pouco de preconceito. Pelo meu jeito... Primeiro é cultural, por ser ex-menina de rua trago essa cultura de lá. Não vou chegar na faculdade como os caras, com tudo certinho. Então, fazia a maioria dos trabalhos sozinha. A única pessoa que fazia trabalho comigo era o Bene, meu amigo. Tinha uma professora que começou a me perseguir muito. Até pensei em processar ela por preconceito.

CULT: Por que ela perseguia você?
E.O.: Sei lá, meu. Na verdade, não sei como entrei na faculdade, porque minha educação foi muito complicada. A professora perguntava se alguém tinha dúvida e eu sempre levantava a mão. Não lembro direito, mas ela falava que não ia responder. Eu ia falar, ela não deixava. Ia fazer pergunta, ela não deixava. Até repeti a matéria dela. Quando fiz de novo, ela tinha lido meu livro e chorou bastante, veio me pedir desculpas. Deixei de lado, tá ligado? Os outros professores foram muito compreensivos. Entendiam minha deficiência... Não é nem deficiência. Tenho meu dom, mas tem coisas que não tenho QI, entendeu? Quando engravidei, freqüentei a faculdade o tempo todo durante a gestação. Depois que meu filho nasceu, foi comigo todos os dias para as aulas até um ano e seis meses. Não tinha com quem deixá-lo. Os professores me deixaram levá-lo numa boa, então teve o lado bom também. O lance é que faculdade, no Brasil, não desmerecendo, mas a gente sai sem saber nada. Estou aprendendo agora, na prática. Lá ficamos só na teoria. Mas o curso me deu um caminho, então foi muito bom. Agora quero fazer antropologia.

CULT: Quando você estava na rua tinha medo de morrer?
E.O.: Muitas vezes busquei a morte. Vivia com ela, sempre acreditei que seria a melhor saída.

CULT: E esse pensamento voltou alguma vez?
E.O.: Não é que volta, você sai traumatizada, massacrada. Não sei como consegui manter meus sonhos vivendo na rua. Qualquer um que vai morar na rua a primeira coisa que faz é entrar nas drogas. Porque ela tira a fome, tira o sono, tira o frio, tira a ansiedade, dá uma sensação de proteção, faz ser o que você acredita que é. Mas depois vem o vazio e fica um buraco da porra. Então, me admiro por ter tido sonhos, perspectivas, enquanto o mundo inteiro me provava o contrário. Se hoje estou aqui é por causa dos meus sonhos. Quando nasci, minha mãe não tinha uma casa para morar. Sempre me chamava de amaldiçoada e isso e aquilo outro. Meu filho, não. Ele tem uma casa para morar, uma mãe que diz que o ama, um lugar para comer. Tudo porque acreditei que, se fosse para gerar um fruto, iria fazer diferente de como fui criada.

CULT: Você está descobrindo o que é ter família agora?
E.O.: Minha família sou eu e meu filho. Meu irmão está na cadeia. Tenho uma irmã que é casada, mas mora numa situação precária no barraco que minha mãe deixou. Minha família se resumiu a isso porque metade morreu por causa de alcoolismo, drogas. Está sendo muito boa a relação com meu filho, saber que posso dar amor mesmo sem ter recebido. Saber que tenho minhas angústias e tenho que resolvê-las sozinha, não passar isso para o meu filho, porque ele nem sabe o que passei. Quando o pai dele soube que eu estava grávida, saiu fora, depois de 3 anos juntos. Me disse: "Ou você tira ou não fico". Então, tchau, meu filho.

CULT: Quem era o cara?
E.O.: Conheci na faculdade, ele trabalhava num bar chamado Rabo de Peixe, na Vila Olímpia. A gente manteve um relacionamento. Tentei ajudá-lo, porque estava desempregado e tal. Através de uns contatos meus consegui arrumar faculdade pra ele.

CULT: Foi difícil seu começo como mãe?
E.O.: Foi um período conturbado, fui muito pressionada quando ganhei meu filho. Teve uma amiga minha que me ajudou, mas fui sozinha para o hospital. Saí, fiquei sozinha em casa, com cesariana e tudo. Mas só fiz porque decidi ter. Daí tranquei minha casa, fiquei quatro meses na casa de uma amiga minha. Levava meu filho para o trabalho, porque não tinha arrumado creche para ele. Trabalhava à tarde, fazia DP de manhã lá na Bresser e estudava de noite lá na Vila Olímpia. Sempre com meu filho.

CULT: Por que você escolheu jornalismo?
E.O.: Porque é o que gosto de fazer, comunicar. É uma coisa bem dinâmica, não sou uma pessoa parada. Gosto de dar um outro enfoque, falar das pessoas em si. Não só da rua. Mostrar o outro lado. Um jornalista, quando entra na periferia, vai com tudo, mas, quando vai na classe média, aperta a campainha e pede licença. Morreu uma mulher lá nos Jardins, vi hoje no jornal da Record. Fiquei contando, foram quase sete minutos com comentarista e o apresentador falando da morte da mulher. Porque ela foi assaltada e tomou um tiro. O filho do padeiro morre e ninguém está nem aí, às vezes não vai nem para estatística, mas como indigente. Todos têm que ter tratamento igual. Às vezes a mídia gasta o programa todinho falando só desgraça, mas será que nesse dia não aconteceu uma coisa boa ou será que foi só morte?

CULT: De onde veio esse seu interesse por pessoas?
E.O.: Minha avó era muito comunicativa. Convivi pouco tempo, mas até hoje tenho uma impressão muito legal dela, que morreu por conta de álcool, bebida... Eu me espelhei nela. Sou uma pessoa muito dada. Se estou na rua converso com todo mundo. Conheço muita gente dessa maneira. Tenho tantos amigos que não passo necessidade. Às vezes não tenho dinheiro para o bumba e o motorista, que é meu amigo, deixa eu passar, entende? Trato todo mundo igual, não tem essa. Geralmente as pessoas são muito fechadas, reprimidas. E quando vêem alguém mais aberto...

CULT: Depois que sabem da sua história elas mudam o tratamento?
E.O.: Começam a admirar, mas deixo claro, onde vou dar palestra, que minha história é o que vivo hoje. Nesse momento estamos eu e você trocando idéia, mas tem um monte de criança sofrendo abuso sexual agora, ou abandono... Fora os problemas que já são freqüentes: falta de educação, estrutura familiar, saneamento básico, moradia. Meu livro, na verdade, conta a história de várias Esmeraldas espalhadas por aí que não conseguem encontrar saída. Quando o pessoal vai à rua é para mostrar estatística, quem roubou a bolsa da madame, quem fuma pedra... E não é nada disso, o problema é bem maior.

Leia a entrevista na íntegra na edição de abril da CULT, já nas bancas

quinta-feira, abril 03, 2008

'A sexualidade na gravidez e puerpério'




Fui fazer uma palestra 'A sexualidade na gravidez e puerpério' neste prédio antigo daqui de Natal- Maternidade Escola Januário Cicco. Nunca havia entrado lá. Fui convidada pela Dra. Patrícia Bezerra, gente fina, minha ginecologista.
Escrevi ontem rapidamente, o convite veio em cima da hora, mas foi ótimo. Falei bastante, sem ler, sobre o lado subjetivo destas fases, do relacionamento do casal, das mudanças. Enfatizei o fato de cada caso ser um caso, cada sujeito a sua frente tem que ser ouvido com sua história particular, nada vem pronto num livro de medicina ou psicanálise.
Falei sobre conceitos de inconsciente, transferência e Complexo de Édipo.
Gostei bastante, eles também, me aplaudiram com entusiasmo- adoro esta resposta imediata, depois veio uma moça falar em particular. Fiquei feliz.